domingo, 9 de noviembre de 2008

Qué Inteligentes

¿Por qué el Estado ha de ser generoso con los terroristas? Dejar de matar es su obligación, no puede tener premio, tampoco para los presos” – Mari Mar Blanco

Resulta hiriente leer que una carta hecha por “intelectuales” está firmada primeramente por Piedad Córdoba. Resulta risible que de la noche a la mañana, del secuestro a la libertad –aunque por sus declaraciones se podría pensar que en cautiverio se sentía libre y ahora se siente alienado- Luis Eladio Pérez se haya convertido en un intelectual. Y resulta triste que intelectuales de la talla de Daniel Samper Pizano se presten para este tipo de engaños.


En Septiembre, un grupo de estos denominados “intelectuales” –a propósito ¿quién dice que son intelectuales? ¿Jaime Dussán?- le enviaron una carta a los narco-terroristas de las Farc en la que proponen el diálogo y se indican ajenos al gobierno. No obstante mencionan gobiernos de países amigos. ¿Se referirán al patrocinador de la guerrilla Hugo Chávez? ¿Se referirán a los que le dan asilo a la guerrilla, Correa y Ortega?

El caso es que estos “intelectuales” le creen a personas que asesinan, secuestran, siembran minas antipersona, juegan fútbol con las cabezas de sus víctimas, en fin, terroristas. Creen que ellos van a decir la verdad y que además van a renunciar a sus escudos humanos –los secuestrados- y por si fuera poco abogan por la liberación de algunos de los terroristas capturados. ¿Qué le harían a Obama si capturaran a uno de los de Bin Laden y luego lo soltaran?

¿Qué implicaciones tiene liberar a estos terroristas? En primer lugar se aumenta el pie de fuerza de la guerrilla lo que trae dos consecuencias que hasta el momento nadie parece considerar: Aumenta el número de criminales al margen de la ley, en vez de disminuir y tras haber engrosado sus filas, tienen más recursos humanos para seguir asesinando, sembrando minas anti persona, secuestrando –y resecuestrando en el hipotético de que hayan liberado a los rehenes-. Harían equipos de fútbol más grandes cuando jueguen con las cabezas de sus víctimas.

Pero por el simple ejercicio de reflexión supongamos que se lleva a cabo el llamado intercambio humanitario. Y supongamos que hay diálogo –aunque es tan complicado creerle a un capo, comparable con Capone, que va renunciar a sus ilícitos-. ¿Qué poblaciones van a ser sacrificadas en pos de “los más altos intereses de la patria” para llevar a cabo el diálogo? ¿Volverá a ser San José del Guaviare o se elegirán otros pobres desgraciados? ¿Será en el extranjero a donde muchos de los colombianos tal vez nunca podamos ir?

Además de esa especulación vale la pena analizar el mensaje que se estaría enviando al pueblo: El gobierno que juró protegerlos a ustedes por la Constitución, es lo suficientemente inepto que no pudo aprehender a los criminales entonces se sentó a hablar con ellos con lo que legitimó sus medios. Si alguna vez Uds no se sienten cómodos con la situación bien pueden hacerse con las armas –que se suponen monopolio del Estado- y empiecen a masacrar población civil para que hablemos, no lo juzguemos ni condenemos y así alcanzar la paz.

Volviendo a la realidad en que se encuentra el país, nada indica más el grado de incivilidad y salvajismo característico de los colombianos que los clamores de Acuerdo, Intercambio y Diálogo. Ninguna sociedad civilizada debería darle nada a un secuestrador. Pero, Colombia sí que se esmera por ser diferente.



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domingo, 2 de noviembre de 2008

Ciega e Ingrata

Se lo dedico a la señora Justicia en honor a las vacaciones que parece se está tomando" – V

Sin poder ver nada, debido a la venda que lleva en los ojos, esta mujer de ciudadanía mundial pero nacionalizada colombiana y nacida del imaginario colectivo, lleva en una mano una balanza –desbalanceada, por cierto- y en la otra una espada que muchos confunden con la que Salomón estaba dispuesto a partir por la mitad a un bebé. De hecho, se parece más a la espada de Damocles. Por si fuera poco, no puede caminar sino que arrastra sus pies en vista de que han sido encadenados a yunques esféricos.
Y es que no se puede retratar de otra manera la “justicia” –a falta de un mejor nombre- colombiana.



En el 2003, un grupo de soldados antiguerrilla se encontró una guaca llena de dinero que el grupo terrorista Farc había dejado enterrado alrededor de un campamento que más tarde habían abandonado. Sin pensarlo dos veces, los soldados se apropiaron del dinero como está estipulado en el Código Civil: una de las formas de adquisición es cuando los antiguos dueños han abandonado. Sin embargo el presidente y más de medio país se pusieron en su contra para que fueran encarcelados. Los soldados habían actuaron cobijados por la ley no obstante fueron sancionados por la (in)justicia. Esto tuvo dos efectos, ambos negativos: El primero consiste en que los soldados del ejército nacional pierden estímulos en su lucha contra el terrorismo y el segundo consiste la poca seguridad que la ley escrita confiere, cuando el régimen lo persigue a uno.

Volviendo al presente, a “Isaza”, quien fue el carcelero de Oscar Tulio Lizcano y lo ayudó en su escape de los terroristas de las Farc, lo quieren poner en un vuelo con destino a Francia, lo cual hasta ese punto es acertado. El problema se presenta cuando no se le aplica la misma decisión a todos. A “Rojas”, el verdugo de Iván Ríos, le dieron la recompensa pero lo juzgaron por el mismo asesinato por el que lo premiaban. ¡Pero si es que no matar a Iván Ríos habría sido traición a la patria!. De todos los delitos que cometió con las Farc lo juzgan por aquel por el cual debe figurar en una lista de héroes.

Por si fuera poco, a los paramilitares los juzgan por sedición, lo que implica que al cumplir sus penas podrían acceder a cualquier cargo público. ¿Un carnicero de esos en un cargo público? ¿No que a los que han sido condenados no se les permite acceder a ningún cargo público? Pues resulta que la sedición es un delito político y esto implica que se tenía un fin noble que se quiso alcanzar por medio de ese delito. Y los delitos políticos no inhabilitan para acceder a cargos públicos. Siendo tanto los guerrilleros como los paramilitares terroristas –la división es una cuestión semántica- y habiendo un conflicto interno en el país, lo lógico sería acusarlos, juzgarlos y condenarlos por terrorismo agravado por lesa humanidad en un país en conflicto.

A su vez a los guerrilleros se les juzga por rebelión que –curiosa casualidad- también es un delito político. Ahora todos terminaron con propósitos nobles y bienintencionados.

Por otro lado, la puesta en libertad de Alberto Santofimio fue dejado en libertad por el Tribunal Superior de Cundinamarca que dice no haber encontrado pruebas contundentes de la responsabilidad de Santofimio en el magnicidio de Luis Carlos Galán. Esta vez la injusticia se demoró 1 año –condenado en Octubre del 2007 y absuelto en Octubre del 2008-.

Otro ente judicial que dio al traste con la justicia fue el Consejo Superior de la Judicatura que al revisar una tutela de la Corte Suprema de Justicia, decidió poner fuera del alcance de la justicia al Ministro de (des)Protección Social, Diego Palacio, en el proceso por cohecho que se sigue contra Yidis Medina.

Y no es que la Corte Suprema de Justicia sea perfecta. Consideran que como no se causa daño cuando un pervertido toca sin permiso los órganos sexuales de una mujer, no hay delito sexual sino injuria. En otro caso, una niña fue abusada por su vecino y tras 11 largos años de espera, la Corte Suprema de (in)Justicia decidió que al abusador se le había violado su derecho a la defensa y que por vencimiento de términos, se cerraba el expediente, quedando impune el delito (Caso denunciado por María Eugenia Gómez en su artículo-columna “La Desidia de la Justicia”). Por otra parte no hay que olvidar la amistad de los magistrados de esta alta corporación con el narcotraficante italiano Giorgio Sale y el comentario que uno de ellos le dejó en su restaurante: "Dejo notificación expresa de mi felicidad por las atenciones y el magnífico deleite de sus servicios. Ojalá que Dios permita perdure tan excelente restaurante. Felicitaciones a Giorgio". Por si fuera poco el lento avanzar de la farcopolítica mientras el rápido juzgamiento por parapolítica es un contraste que no se puede pasar por alto.

Vencimiento de términos, choque de tortugas –porque de trenes no tienen nada las Cortes-, el reciente paro judicial, etc. Lo único que le falta a la justicia colombiana es que se le caiga la venda a ver si así empieza a ver sus errores.




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